También me acuerdo de mi primer reloj analógico, regalo de mi primera comunión (también rosa por supuesto) y de la confusión que me creaba en ocasiones decir la hora, esta vez ya como los mayores, y mefia, y cuarto...En particular lo que más me confuncía era esa mitad del reloj que volvíacel mundo al revés restando munitos en vez de añadirlos y dicirndo una hora mas tarde de lo que mis ojos veían en el reloj. Aprender a decir "menos cuarto, menos diez" realmente fue un reto para mí, y por mi experiencia docente también lo es para mis chic@s de clase.
Por ello, he decidido no presionarles al respecto, no tiene sentido insistir en ello por mucho que un libro me diga que es hora de saber decir la hora, valga la redundancia. Así que, me he propuesto que el uso del reloj sea algo que esté ahí, sin presiones ni evaluaciones, eso sí, vamo a hacer que el esfuerzo de pensar la hora sea más atractivo y más divertido. Si en vez de tener un reloj soso en clase que sólo la seño sabe descifrar, tenemos el reloj más bonito del mundo igual nos apetece más mirarlo y practicar la hora.
En muchas ocasiones caemos en el error de pensar que los niños son mayores de su edad real y nos olvidamos de como nos alucinaba a nosotros cualquier pequeño cambio en la rutina de clase. L@s niñ@s son de naturaleza curiosa al 100% y por ello nosotros como maestros debemos despertar su curiosidad porque de este modo todo lo aprenderan de una forma más significativa y lo aprendido se consolidará más fácilmente.








